Las campanadas más famosas del mundo, reloj por reloj
Casi todas las medianoches del 31 de diciembre giran alrededor de un objeto concreto. Un reloj, una campana, una bola que baja por un mástil. No es la costumbre lo que congrega a la gente: es la máquina.
En España ese objeto está en la fachada de la Casa de Correos y lleva ahí desde 1866. Si vas a pasar la Nochevieja en Madrid ya lo conoces de sobra. Pero cada país tiene el suyo, y las historias de cómo llegaron a ser el centro de la fiesta son más raras de lo que uno esperaría.
Esto va de relojes, no de costumbres. De qué hace exactamente cada uno a las doce, desde cuándo lo hace y qué le ha pasado por el camino.
Puerta del Sol, Madrid
El reloj de la Casa de Correos lo donó a la ciudad el relojero José Rodríguez de Losada en 1866. Lo que la plaza mira no es la esfera: es la bola dorada que sube por el asta antes de las doce y baja marcando el inicio de los cuartos.
La secuencia es engañosa. Primero suenan cuatro cuartos, que no cuentan, y solo después empiezan las doce campanadas. Cada año hay gente que se atraganta porque arranca con los cuartos.
Las campanadas se retransmiten por televisión desde principios de los años sesenta, y eso convirtió un ritual de plaza en un ritual de salón. Hoy la mayoría de los españoles las ve sentada. Si quieres el detalle de la maquinaria y de por qué suena como suena, está todo en el reloj de la Puerta del Sol.
Big Ben, Londres
Empecemos por lo obvio: Big Ben no es la torre. La torre se llama Elizabeth Tower desde 2012, y antes era simplemente Clock Tower. Big Ben es la campana grande: trece toneladas y media, fundida en 1858 y en servicio desde el 11 de julio de 1859.
Su papel de fin de año no nació en la calle sino en la radio. La BBC empezó a emitir sus campanadas el 31 de diciembre de 1923, y esa emisión es la que fijó el sonido en la cabeza de todo un país.
La anomalía llegó con las obras. En agosto de 2017 la campana se calló durante cuatro años por la restauración de la torre. Pero no del todo: para las fechas señaladas, Nochevieja incluida, la hacían sonar con un motor eléctrico. El funcionamiento normal se recuperó en noviembre de 2022. La restauración está documentada en la web del Parlamento británico.
La bola de Times Square, Nueva York
Aquí no hay campana. Hay una bola que baja sesenta segundos por un mástil, y empieza a bajar a las 23:59:00 exactas.
La inventó un periódico. Adolph Ochs, dueño de The New York Times, buscaba un remate para las fiestas que su diario organizaba en la plaza desde 1904, y en la Nochevieja de 1907 estrenó el descenso de la bola. Aquella primera pesaba unos 320 kilos, medía metro y medio, era de hierro y madera y llevaba cien bombillas incandescentes.
La actual no tiene nada que ver: casi cuatro metros de diámetro, más de cinco toneladas y media y 5.280 paneles de cristal tallado, con iluminación LED. Es un objeto industrial disfrazado de adorno.
Solo ha fallado dos veces. En las Nocheviejas de 1942 y 1943 no bajó por las restricciones de iluminación de la guerra. La ficha técnica actualizada la publica cada año la organización en Times Square NYC.
El puente de Sídney
Sídney es la excepción: no hay reloj, hay puente. Y funciona igual de bien porque el Harbour Bridge se ve desde media ciudad.
El formato actual arranca en 1976, cuando el comité de la ciudad convirtió la Nochevieja en el pistoletazo del Festival of Sydney. Hoy hay dos sesiones: una a las nueve de la noche, pensada para familias que no aguantan hasta las doce, y la de medianoche.
El elemento reconocible es el llamado bridge effect, la cascada de fuego que cae del arco del puente, que está en el programa desde 1999. En el puerto se juntan alrededor de un millón y medio de personas, y la edición 2024-2025 quemó nueve toneladas de pirotecnia lanzadas desde ocho barcazas.
Como Australia va muy por delante en husos horarios, medio planeta ve esas imágenes cuando todavía le faltan horas para su propia medianoche.
Las 108 campanadas de Japón
El joya no kane es lo contrario de una cuenta atrás. En los templos budistas de todo Japón se toca la campana 108 veces en el tránsito de un año a otro, una por cada una de las pasiones o aflicciones terrenales que, según la tradición, arrastra el ser humano.
Lo habitual es que 107 suenen antes de las doce y la última ya entrado el año. No hay prisa: cada golpe se deja resonar hasta que se apaga, así que la ceremonia dura un buen rato.
En algunos templos la campana es tan grande que hace falta un equipo de monjes tirando de cuerdas para lanzar el mazo. El Chion-in de Kioto es el caso más conocido y se retransmite cada año. En otros sitios se permite que el público toque, con turnos y número limitado.
Es la ceremonia de medianoche más antigua de esta lista y también la más silenciosa: dentro del recinto no hay música, ni fuegos, ni brindis.
El reloj del Kremlin, Moscú
En la torre Spásskaya hay reloj desde 1491, pero el mecanismo que suena hoy lo instalaron los hermanos Butenop entre 1851 y 1852. La esfera mide alrededor de seis metros de diámetro.
El ritual ruso es rígido y muy televisivo: discurso del presidente en los minutos previos, corte a la torre y campanadas. Se brinda con la última. Quien no llega a tiempo de servir la copa lo tiene por mal presagio, que viene a ser la versión eslava del apuro español con las uvas.
Copenhague y Edimburgo, dos plazas del norte
En Copenhague todo el mundo mira el reloj de la torre del ayuntamiento, en Rådhuspladsen. Cuando las manecillas llegan a las doce arrancan los fuegos, y los daneses hacen algo que no hace nadie más: saltan. Se suben a una silla o a una mesa y saltan al suelo en el momento exacto, para entrar en el año nuevo en vez de quedarse en el hueco entre los dos.
En Edimburgo el punto de reunión histórico era el reloj del Tron Kirk, en la Royal Mile. Durante generaciones el Hogmanay consistió en juntarse ahí a oír las campanas, hasta que la fiesta se profesionalizó y se llevó la multitud a Princes Street. El edificio, por cierto, perdió su chapitel de madera en un incendio en 1824.
Dos relojes famosos que no dan las doce
El reloj astronómico de Praga, el Orloj, es de 1410 y probablemente el reloj medieval más fotografiado del mundo. Tiene un problema para esta lista: su desfile de apóstoles solo funciona a las horas en punto durante el día. La plaza se llena el 31, pero el reloj no participa.
El caso de la torre Zimmer de Lier, en Bélgica, es todavía más marciano. Louis Zimmer instaló allí en 1930 un aparato con doce relojes alrededor de uno central y 57 esferas que miden mareas, fases lunares y hasta la precesión de la Tierra. Mide el tiempo en escalas de miles de años y no hace absolutamente nada especial el 31 de diciembre. Es el reloj más ambicioso de la lista y el único al que la Nochevieja le da igual.
Qué tienen en común
Casi ninguno nació para esto. El de Sol era el reloj oficial de la ciudad, el Big Ben era el reloj del Parlamento, la bola de Times Square era una campaña de un periódico y el puente de Sídney es un puente. La ceremonia se les fue pegando encima.
Y todos comparten el mismo punto flaco: dependen de que mucha gente mire a la vez el mismo sitio. Si el aparato falla, falla la medianoche de un país entero. Por eso todos, sin excepción, llevan hoy un plan B electrónico detrás.
Si lo que buscabas eran las costumbres y no las máquinas, la guía completa está en cómo se celebra el Año Nuevo en el mundo, y las más extravagantes en tradiciones de Nochevieja más curiosas.
Y si tu medianoche va a ser la de Sol, conviene dormir cerca: los hoteles del centro se agotan pronto para esa noche y opciones como el Catalonia Gran Vía están a pocos minutos andando de la plaza.
Preguntas frecuentes
¿Cuál es el reloj de fin de año más antiguo del mundo?
De los que participan activamente en la medianoche, el del Kremlin tiene el linaje más largo: hay reloj en la torre Spásskaya desde 1491, aunque el mecanismo actual es de 1851-1852. El Orloj de Praga es más antiguo todavía, de 1410, pero no interviene en la Nochevieja.
¿Por qué en Madrid suenan cuatro cuartos antes de las campanadas?
Porque el reloj marca primero los cuartos de la hora y después las horas, como cualquier reloj de carillón. Los cuartos avisan de que faltan segundos; las doce campanadas son las que cuentan. Confundirlos es el error clásico de quien se estrena con las uvas.
¿Cuánto tarda en bajar la bola de Times Square?
Sesenta segundos exactos. Empieza a descender a las 23:59:00 y toca el fondo del mástil justo al entrar el año. La bola actual mide casi cuatro metros, pesa más de cinco toneladas y media y lleva 5.280 paneles de cristal tallado.
¿Por qué en Japón se tocan 108 campanadas?
Porque el budismo cuenta 108 pasiones o aflicciones terrenales, y cada golpe de campana sirve para dejar una atrás. La ceremonia se llama joya no kane y se hace en templos de todo el país. Suele repartirse entre el final del año viejo y el primer minuto del nuevo.
¿El Big Ben sonó durante los años de obras?
Sí, pero no por su mecanismo. Entre 2017 y 2021 la campana estuvo en silencio por la restauración de la torre, salvo en fechas señaladas como la Nochevieja, en las que la hacían sonar con un motor eléctrico. El funcionamiento normal se recuperó en noviembre de 2022.
¿Dónde se ve antes el año nuevo?
En las islas del Pacífico: Kiribati, Samoa y Tonga son las primeras en cruzar la medianoche. Sídney entra poco después y es la primera gran ciudad con retransmisión global, por eso sus fuegos son los que abren los informativos del resto del planeta.
¿Hay algún reloj famoso que no haga nada en Nochevieja?
Unos cuantos. El Orloj de Praga no mueve sus apóstoles a medianoche y la torre Zimmer de Lier, en Bélgica, mide mareas y ciclos astronómicos de miles de años sin ninguna ceremonia el 31. Son relojes célebres a los que el cambio de año, sencillamente, no les afecta.


